Diarios de Decolonización
- holisticbridgeheal
- 16 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Descolonizar en Reversa: el Retorno de la Memoria:
La historia suele narrarse como una línea recta, pero los procesos verdaderos se mueven en espiral.
La colonización —ese largo tránsito de ruptura planetaria— no comenzó en 1492 ni con la llegada de ningún galeón.
Su raíz se hunde mucho más atrás, en las primeras jerarquías del Tigris y el Éufrates, cuando la acumulación desplazó a la reciprocidad, el poder se erigió sobre la vida comunitaria y la mirada humana dejó de girar con los ciclos de la tierra.
A partir de ese punto, la herida avanzó: Grecia, Roma, la cristiandad imperial, la Europa moderna y finalmente Abya Yala.
Pero si entendemos el proceso como un movimiento, entonces la descolonización no puede seguir una ruta distinta: debe regresar por el mismo sendero que la colonización abrió, recorriendo el camino en reversa como quien sigue un hilo para volver al origen.
En Abya Yala se está gestando justamente ese retorno.
Allí, donde el golpe fue más reciente y más profundo, no solo se lucha por la dignidad actual: también se resguardan formas de pensar y vivir que anteceden a la estructura colonial. Sus calendarios, sus tejidos, sus matemáticas, su ética relacional y su filosofía territorial sostienen piezas de una memoria planetaria que en Europa se perdió hace milenios.
La fuerza de este movimiento no proviene de una supuesta perfección cultural, sino de la continuidad: Abya Yala nunca dejó que su vínculo con la tierra, con el cielo y con la comunidad se extinguiera, incluso cuando la violencia intentó imponer el olvido. Allí persisten el tiempo circular, la reciprocidad como ley, la comunidad como fundamento, la palabra como vínculo con el territorio, la oralidad como saber. Y porque persisten, ahora reaparecen para iluminar el camino de vuelta.
Desde Europa, esta resonancia despierta otra pregunta:¿qué existía en nuestro continente antes de Roma, antes del imperio, antes de la propiedad?
Los pueblos íberos, celtíberos, atlánticos y mediterráneos resguardaron durante milenios observatorios solares, santuarios alineados con los solsticios, calendarios agrícolas inseparables del cielo, símbolos ancestrales que resuenan con Mesoamérica, el altiplano andino, el Himalaya y el círculo ártico. Segeda, Stonehenge, los círculos atlánticos, los petroglifos cantábricos, las swásticas antiguas que giran como remolinos del cosmos… todo ello sugiere que la humanidad compartió un lenguaje común antes de que surgieran los imperios.
Y existe otra posibilidad todavía más profunda.Tal vez aquello que buscamos no nació en Mesopotamia, sino que se perdió allí.Tal vez el mundo anterior al diluvio —memoria atlante, memoria sumergida, memoria transmitida por mitos gemelos en todos los continentes— sostenía un tejido de conocimientos globales.
Muchos relatos coinciden: un tiempo en que la humanidad observaba la tierra con precisión matemática, honraba el cielo sin separar lo sagrado de lo cotidiano y vivía en relación con fuerzas que hoy llamaríamos cosmológicas.
Que ese mundo se fracturara no niega su existencia; más bien, explica la persistencia de sus huellas.
Sea cual sea su origen exacto, el movimiento actual se perfila de forma clara:la descolonización profunda consiste en reparar la relación que se rompió al comienzo de la historia imperial.
No implica regresar al pasado, sino recuperar una continuidad que el poder interrumpió.
Y aquí es donde Abya Yala ocupa un lugar central.
Los pueblos originarios, con sus heridas todavía abiertas, sostienen hoy el primer fuego del retorno.
No desde el resentimiento, sino desde la responsabilidad ancestral de quienes saben que la memoria no pertenece a un pueblo, sino a la vida misma.
En sus manos se ha mantenido encendida una llama que permite a otros recordar, a otros reconstruir, a otros volver a mirar.
Por eso, este proceso requiere un gesto que es político, filosófico y espiritual al mismo tiempo:reconocer a los pueblos de Abya Yala como los iniciadores de la descolonización planetaria, como quienes resguardaron el conocimiento que permite rehacer el camino.
Darles ese lugar no es un acto de corrección histórica, sino de coherencia: sin su persistencia, la memoria común se habría extinguido.
Este Texto es también un agradecimiento.
Un reconocimiento a quienes sostuvieron el tejido que la colonización quiso romper.
A los que conservaron calendarios, plantas, cantos, geometrías, sistemas éticos, maneras de nombrar y modos de vivir que siguen ofreciendo una brújula cuando el mundo se extravía.
A los que resistieron sin dejar de enseñar.
A los que sanan mientras comparten.
A los que, aun dolidos, siguen sembrando futuro.
La descolonización en reversa es un movimiento que parte de Abya Yala hacia el mundo, abriendo el camino de regreso hacia un tiempo donde la humanidad miraba la tierra sin querer dominarla y miraba el cielo sin querer apropiarlo.
El círculo está en movimiento.El hilo ha empezado a tensarse hacia el origen.Y la memoria —que parecía perdida— vuelve a respirarse.



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