top of page
Buscar

Diarios de Decolonización III Decolonización interna, una espiral de regreso al centro.

La decolonización, entendida como proceso histórico, político y cultural, suele mirarse hacia afuera.

Sin embargo, toda transformación profunda comienza en el lugar donde se origina la experiencia: el interior de la persona.

No se trata de rechazar lo aprendido ni de idealizar lo externo, sino de revisar —y sobretodo estar atentos— a los gestos cotidianos en los que la desconexión se naturalizó. Es preguntarnos honestamente desde dónde hacemos las cosas.


Cada cultura, y cada individuo, encarna de manera distinta ese quiebre, pero el patrón es común: se rompió la relación con la Tierra.

Dejamos de sentirnos tierra para empezar a habitarla desde la posesividad. Y por relación directa dejamos de ser para habitar nuestro cuerpo también de manera posesiva.

Así como comenzamos a dominar la tierra y a sus seres vivos, también empezamos a maltratar nuestro propio cuerpo y a la comunidad de seres internos que somos cada uno de nosotros.

Cuando esa relación se rompió, se fragmentaron también las formas de sentir, pensar, nombrar y vivir sanamente.


Se fragmentó el buen vivir.


Este camino que propongo es una espiral de diez movimientos, del centro hacia afuera.

Quiero dejar claro que esta es mi perspectiva terapéutica y una propuesta básica: un punto de referencia para transitar un camino que cada uno debe construir y diseñar según su propia resonancia.

Después de dos publicaciones sobre la decolonización conceptual —y al intentar buscar un punto de origen para re-cordar con el presente— surgió la pregunta inevitable: 


¿cómo?


¿Cómo me decolonizo a mí mismo para sintonizar esta frecuencia y afectar lo externo con coherencia?

Esta espiral nace de esa pregunta.

Es terapéutica porque soy terapeuta.

Es experiencial porque es mi propio andar.

Y es coherente porque es puente.



1. Espiritualidad: reconocer la raíz

La colonización interna comienza cuando la espiritualidad se desplaza hacia lo externo: autoridad, dogma, institución, norma. Lo sagrado deja de ser experiencia y se vuelve sistema.

La gente busca respuestas en el cielo o directrices que seguir de forma esquemática: espiritualidad racionalizada, desarraigada del propio sentir.

El campo espiritual, en el cuerpo electromagnético, es el campo de las creencias.

No solo creencias religiosas: cualquier creencia que estructura nuestra percepción del mundo.

Si creo que la chica del supermercado es tonta sin conocerla, ese juicio vive en la misma franja energética que una creencia en un dios.

Las verdades absolutas que rigen nuestro sentir —y luego nuestro actuar— se alojan ahí.


Práctica: Volver a la espiritualidad encarnada: respirar la tierra, escuchar el propio silencio, reconocer la legitimidad de la experiencia interior sin intermediarios.

No se trata de templos, nombres o entidades: se trata de resonar dentro de tu propio templo.

Cultivar el alma con belleza, creatividad y coherencia.

Hablar con los seres vivos, reconocerlos, crear tu comunidad sensible.

El campo de creencias puede ser dinámico: muévelo, renueva estructuras, practica neuroplasticidad, y —si es tu camino— deja que los enteógenos te acompañen en profundidad.


2. Tiempo: recuperar el ritmo perdido

La colonización del tiempo aparece cuando dejamos de sentir los ciclos y empezamos a obedecer relojes. La palabra “calendario” viene de kalendarium: libro de cuentas. Las “calendas” eran tributos. El tiempo se volvió productividad, agenda, urgencia, exigencia de futuro.

El tiempo colonizado separa al cuerpo de su ritmo natural: comer sin hambre, dormir sin sueño, trabajar sin energía.

Un tiempo impuesto es antinatural.

Es un tiempo sin alma.


Práctica: Regresar al tiempo sentido.

Observar un ciclo lunar completo.

Conectar con el calendario de 13 lunas, con equinoccios y solsticios.

Identificar tus horas de expansión y de repliegue.

Permitir que el cuerpo marque el ritmo: descanso, comida, paseo, silencio.

Honrar micro-rituales: abrir el día, cerrar el día.

Sostener el presente como acto de reconciliación.


3. Emoción: liberar la sensibilidad

La colonización emocional enseña a ocultar, suavizar o negar lo sentido.

Algunas emociones se vuelven prohibidas;

otras, obligatorias.

La tristeza se convierte en debilidad;

la rabia en peligro;

el miedo en infantilismo.

Ese encierro emocional crea cuerpos tensos y mentes hipercontroladas.

Una emoción no expresada se convierte en síntoma, rigidez, bloqueo.

La colonización emocional desactiva la brújula interna.


Práctica: Nombrar sin justificar.

Sentir sin esconder.

Respirar la emoción en el cuerpo un minuto antes de interpretarla.

Observar dónde se manifiesta físicamente.

Compartir emociones con una persona segura como acto de reciprocidad.

Aprender a surfear las emociones como energía en movimiento.

Recordar: las emociones son la potencia en la intención.


4. Pensamiento: desmontar la mirada colonial

La mente colonizada opera desde la separación: correcto/incorrecto, éxito/fracaso, bueno/malo. Este patrón filosófico privilegia la oposición en lugar de la relación.

Cuando el pensamiento deja de relacionar, empieza a dominar. La naturaleza se convierte en recurso, la diferencia en amenaza, el otro en error.

La educación industrial opaca y niega el alma de las futuras generaciones, es crucial devolverles la niñez a los niños.



Práctica: Ejercicio de pensamiento relacional:— ¿Qué se conecta con esto?— ¿Qué implica para otros planos?— ¿Desde dónde estoy mirando?

Permitir matices, ambigüedades, complejidad.

Dejar de identificar pensamiento con identidad.

Crear espacios internos donde las ideas pasen como nubes.

Aceptar que la diversidad también existe en nuestro pensamiento.

Activar escuelas comunitarias que ejemplifiquen todos los puntos expuestos


5. Lenguaje: sanar la palabra

El lenguaje colonizado separa, clasifica, congela. Crea etiquetas que reducen procesos vivos a categorías rígidas.

La palabra colonizada genera distancia: convierte al árbol en recurso, a la mujer en rol, al desconocido en categoría.


Práctica: Usar el lenguaje como puente.

Hablar desde la experiencia y no solo desde la opinión.

Nombrar procesos: “estoy sintiendo”, “estoy aprendiendo”, “estoy cambiando”.

Preguntar antes de afirmar.

Recordar que cada palabra tiene una frecuencia.

Explorar la etimología: conocer la raíz es conocer la vibración.

Expresar lo que quieres, no lo que no quieres.

Escucharte para reconocer patrones.


6. Cuerpo: recuperar la sabiduría encarnada

La colonización del cuerpo es una de las más profundas porque opera en silencio.

El cuerpo se convirtió en herramienta productiva, en contenedor de órganos, en sujeto de obligación.

Se le pidió rendimiento, disciplina, obediencia.

Se le prohibió cansarse, llorar, temblar, envejecer, desear.

Se le domesticó con horarios, dietas, modas, diagnósticos, castigos.

El cuerpo colonizado se vive como enemigo: duele “porque falla”, no porque habla. Se reprime el temblor, se anestesia el placer, se sofoca el llanto, se margina la intuición.

Nos enseñaron a identificarnos con la mente y tratar al resto del organismo como maquinaria prescindible.

Pero el cuerpo no olvida.

El cuerpo es territorio de memorias; sabe antes que la mente.

Allí se guardan traumas, sí, pero también fortalezas, brújulas, ancestrías.

El cuerpo es el primer territorio que se ocupó: al cortar el cordón demasiado pronto, al intervenir nacimientos, al estandarizar lo salvaje.

Desde ese primer instante se modeló la relación que luego repetimos con la tierra.


Práctica:— Practicar escucha somática: en cada emoción, buscar la sensación concreta, sin deseo de eliminarla.

Recuperar el movimiento instintivo: temblar, bailar, estirar como un animal, bostezar, sacudir, arrastrarse si el cuerpo lo pide.

Practicar ayunos de estimulación sensorial: silencio, poca pantalla, caminar sin auriculares.

Tocar la tierra diariamente: manos, pies, espalda, barriga. La piel es memoria.— Decolonizar el sueño: permitir siestas pequeñas, dormir cuando haya sueño real, no cuando el reloj lo indique.

Observar cómo tratamos al cuerpo: ¿lo apresuro? ¿lo fuerzo? ¿lo negocio? ¿lo temo?— Cultivar placer consciente: comer algo delicioso sin culpa, mojarse bajo lluvia, sentir el sol como medicina.

Incluir prácticas de autoregulación traumática: respiración vagal, técnicas somáticas, contacto acompañado.

Decolonizar el cuerpo es devolverle su autoridad.


7. Alimentación: volver a nutrirse, no solo a comer

La colonización alimentaria fue una de las herramientas más efectivas para quebrar pueblos y subjetividades.

No solo impuso productos y monocultivos: impuso una relación.

El alimento dejó de ser vínculo para volverse mercancía; dejó de tener nombre, historia, territorio; perdió su espiritualidad y su responsabilidad.

Hoy comemos productos sin biografía.

Mucho entra en el cuerpo que no conversa con él.

Y un cuerpo alimentado sin vínculo no puede sentir plenitud, porque la nutrición real es relación: entre tierra, semilla, manos y boca.

La colonización alimentaria también impuso miedo: miedo al hambre, a los carbohidratos, a la grasa, a la comida “no perfecta”. Impuso dietas sin alma y llenó los platos de ansiedad.


Práctica:— Conocer al menos un productor local y sostener esa relación.

Cocinar un alimento desde cero, sintiendo texturas, aromas, tiempos.

Agradecer antes de comer, incluso en silencio.

Minimizar alimentos sin vida: ultraprocesados, productos sin origen reconocible.

Estudiar las medicinas culinarias de tu territorio: fermentos, hierbas, caldos.

Comidas comunitarias: cocinar con alguien, no solo para alguien.

Revisar la relación emocional con la comida: ¿como para llenar vacíos? ¿para calmar ansiedad? ¿Porque toca?

Ayunar cuando corresponda, no como castigo sino como clarificación perceptual.

Comer colores, no solo calorías.

Devolver restos orgánicos a la tierra.

Nutrirse es participar del tejido de la vida.


8. Medicina: recuperar el equilibrio perdido

La colonización médica redujo el cuerpo a piezas y la salud a “ausencia de síntomas”.

El síntoma se volvió enemigo, la bacteria amenaza, el virus agresor, el dolor error, la fiebre algo que “bajar”.

La medicina dominante se volvió guerra: antibióticos, antiinflamatorios, antihistamínicos, anti-todo. Un paradigma “anti” que repite el patrón de confrontación colonial.

Pero la salud en las culturas originarias se sostiene en tres ejes: equilibrio, relación, energía.

Sanar es reorganizar relaciones: entre órganos, entre emociones, entre territorio y cuerpo, entre persona y comunidad.

La colonización también quebró la comunidad como espacio de sanación, aislando al enfermo y privatizando el cuidado. Y rompió los rituales de tránsito: nacer, crecer, enfermar, sanar, morir.


Práctica: Escuchar síntomas como mensajeros, no enemigos.

Preguntar: ¿qué relación interna/externa se está desequilibrando?

Practicar medicina natural: plantas, hongos, respiración, agua fría, sol, oración, masaje, sonido.

Recuperar la dimensión ritual de la salud: antes de tomar un remedio o planta, agradecer su origen y pedir permiso.

Sostener la relación con el fuego: cocinar, mirar brasas (se ha demostrado que mirar con la cabeza parcialmente inclinada hacia abajo a la base de un fuego, activa celulas madre en el organismo), calentarse las manos.

Acudir a medicinas ancestrales desde el respeto.

Reconstruir comunidad de cuidado: cocinar para un enfermo, acompañarlo, sostenerlo. Suavizar y transmutar la relación con la muerte: hablar de ella, honrarla, no medicalizarla sin necesidad.

Revisar la farmacología diaria: ¿qué tomo por costumbre, miedo o presión?

La medicina decolonizada no es “alternativa”: es natural y relacional.


9. Relación: reconstruir comunidad

La colonización interna destruye relaciones porque introduce desconfianza, competencia, individualismo y meritocracia en la vida cotidiana.

Rompe vínculos y aísla cuerpos.

La comunidad deja de ser red y se convierte en amenaza, carga o recurso.

Pero somos seres relacionales: nuestro sistema nervioso regula mejor en compañía; el trauma se cura en vínculo, no en aislamiento.

Las culturas originarias lo saben: 

la persona solo existe plenamente cuando la comunidad la sostiene.

Decolonizar la relación es regresar a una ética de reciprocidad, donde dar y recibir no son transacciones sino respiraciones.


Práctica: Crear círculos de palabra pequeños.

Visitar a alguien sin motivo.

Pedir ayuda antes de llegar al colapso (acto de humildad).

Ofrecer ayuda sin esperar reciprocidad inmediata (acto de abundancia).

Cultivar vínculos multigeneracionales (ancianos, niños).

Practicar la escucha profunda: no aconsejar, no corregir, no diagnosticar.

Cuidar la microbiota: reconocer que la comunidad empieza dentro del intestino.

Hacer comunidad con plantas, animales y elementos: no solo humanos.

Celebrar juntos: comer, cantar, reparar, sembrar, llorar, descansar.

La comunidad no es un grupo: es un tejido.


10. Territorio: volver a pertenecer

La desconexión final ocurre cuando el territorio deja de ser hogar y se convierte en objeto. Se habita sin conocer su historia, se consume sin agradecer, se pisa sin escuchar.

La colonización del territorio es también colonización del cuerpo, porque son extensiones del mismo ser.

Un cuerpo sin territorio es un cuerpo sin raíz.

Un territorio sin comunidad es un espacio herido.


Práctica: Caminar tu territorio con atención profunda.

Conocer su nombre antiguo, su historia viva, los pueblos que lo cuidaban.

Aprender sus plantas nativas, sus ciclos, sus vientos, sus aguas.

Memoriandarlo: dejar que el territorio te hable.

Sembrar algo —una planta, una intención, una oración— para sellar el vínculo.

Crear pequeños rituales de cuidado: limpiar un sendero, regar un árbol, ofrecer agua.

Entender que la Tierra no se posee: se acompaña, se cuida, se protege, se agradece, se escucha, se comparte y se ama.


Cierre:

La decolonización interna es volver a la relación que se rompió.

Sanar desde allí, capa por capa, paso por paso.

Y como toda espiral, este camino no asciende: profundiza.

Cuando una persona se reordena, el territorio respira.

Y cuando el territorio respira, la vida vuelve a abrirse.

Es desde esta apertura que podemos empezar el camino de la decolonización externa y desarrollar lo político, lo cultural, lo económico y lo social, sin volver a tropezar con los mismos escollos que en el pasado.

 
 
 

Comentarios


COMENTARIOS

Captura de Pantalla 2025-03-02 a la(s) 11.01.12.png

Antonia
Mallorca

Hola Marc, la verdad que me siento mucho mejor que antes de las vacaciones, voy bien al baño más regularmente y me siento tranquila y en Paz

Imagen 3.jpg

Elle
Florida

I had a wonderful experience, at Puente Holistico. My hosts were lovely and my guide Marc was very knowledgeable and spent a great deal of time teaching and answering questions. It is so obvious that his passion and intention is to make a positive impact. In addition to lovely accommodations and food, there was fresh fruit and medicinal plants and teas, all growing on the property.  The personalized attention, spiritual practice and therapies allow for growth and healing. There are trails nearby along a river, where you can hike to a waterfall and swim below it or in the pools above. If you are looking for peace, solitude and healing this is the retreat for you. I loved the area and this was a wonderful experience and I plan to return 

paco.jpeg

Paco 
Puerto Viejo de Talamanca

Mi experiencia con las terapias que Marc ofrece y las sesiones realizadas con él están suponiendo un antes y un después en mi salud y vida actual.

En mi caso estaba atravesado un periodo con ataques de ansiedad y estrés junto con profundos sentimientos de tristeza y pena debido a la pérdida de seres queridos. Además de contar con episodios alérgicos en parte creo que producidos por todo lo anterior.

Desde la primera sesión de Jin Shin Jyutsu y del conjunto de terapias aplicadas por Marc a la par de su visión global ó (metafísica), acompañadas de las herramientas que Marc me está ofreciendo como sus explicaciones, técnicas y ejercicios de relajación o pautas en alimentacion, comencé a dejar atrás esa pena y tristeza así como a controlar el stress y la ansiedad. Sin duda ha habido una sanación y mejoría en mi persona y mis alergias también han desaparecido. 

Ahora mi mente está tranquila, en paz, mi estado de ánimo ha cambiado y tengo una sonrisa en la cara.

Para mi todo esto ha sido "mágico" y siempre estaré agradecidísimo con el trabajo, dedicación y atención que Marc me ha demostrado!!

Captura de Pantalla 2025-03-17 a la(s) 08.54.41.png

Pauline
France

Marc was an incredibly kind, gentle and dedicated accompaniment to my healing, very individualised and adapting to my specific system,the opposite of previous individuals I’ve worked with who had one method they tried to shove you into. I could really feel his care and can only walmy recommend him 

calle carbón, Volio, bribri, Limón, Costa Rica

  • Facebook
  • Instagram
Nehmiah firma.png
portada wix2.jpg
bottom of page