Diarios de la Decolonización 7ª: El Saber Uno y la ilusión de la comparativa:
- holisticbridgeheal
- 27 nov 2025
- 5 Min. de lectura

En casi cada nueva clase del diplomado reaparece una tensión persistente: la comparación entre la racionalidad andina y la racionalidad occidental.
Una comparación que, aunque comprensible, parte de un malentendido histórico profundo, o de una herida viva...: no se están comparando dos sistemas de conocimiento equivalentes, sino dos formas radicalmente distintas de relación con la sabiduría.
La “racionalidad occidental” que hoy se presenta como referencia académica es un sistema tardío, construido después de que Europa cortara sus raíces sagradas más antiguas, oficialmente fueron suprimidas al 100%. La racionalidad andina, en cambio, pertenece a un linaje ininterrumpido de prácticas, ceremonias, observación y memoria viva todo y el proceso de la invasión.
Por ello, cuando alguien afirma que la cosmovivencia andina es “más avanzada” que la occidental, en realidad no está exagerando: está describiendo un hecho histórico.
1. El Saber no nació fragmentado: nació Uno
Hubo un tiempo —más largo de lo que permite la cronología oficial— en que el conocimiento humano era unificado. No existían “filosofías comparadas”, ni disciplinas, ni epistemologías enfrentadas. Había un único paquete de comprensión profunda sobre:
los ciclos de la Tierra,
los ritmos del cielo,
la energética del cuerpo,
la armonía de los elementos,
la correspondencia entre lo visible y lo invisible.
Podemos discutir su origen —culturas prediluvianas, supervivientes de civilizaciones olvidadas, transmisión oral panplanetaria, o incluso una memoria inscrita en el propio ADN humano—, pero el hecho permanece: el contenido era uno, y su dispersión fue posterior.
2. Este conocimiento Uno fue global
Todas las culturas antiguas muestran el mismo núcleo, aunque expresado con símbolos distintos:
la rueda sagrada,
las cuatro direcciones,
el calendario solar-lunar,
la geometría sagrada,
el vínculo con los cerros y las aguas,
la idea de correspondencia energética,
la noción de que el ser humano es parte de un tejido vivo.
Este no es un fenómeno aislado de los Andes. Está también en Mesoamérica, en Oceanía, en el antiguo Egipto, en el Mediterráneo preindoeuropeo, en el Himalaya, en el Sahel, en las islas nórdicas, y en los pueblos estelares del desierto.
Lo que cambia es el lenguaje, no el contenido.
3. Abya Yala lo mantuvo vivo; Europa lo enterró
La diferencia crucial no es de “capacidad” ni de “genio cultural”, sino de continuidad histórica.
En Abya Yala, este saber se preservó mediante:
transmisión generacional,
ceremonias,
prácticas agrícolas y espaciales,
ritos de paso,
memoria del territorio,
correspondencias simbólicas vivas.
En Europa ocurrió lo contrario:
imperios sucesivos,
cristianización forzada,
quema sistemática de bibliotecas,
exterminio de paganos, “brujas” e iniciados,
prohibición de prácticas ceremoniales,
destrucción de los santuarios astronómicos,
persecución de las escuelas mistéricas.
El resultado fue doble:
el saber vivo desapareció,
el conocimiento sobreviviente pasó a manos de iniciados, no de pueblos.
Mientras en Abya Yala la comunidad entera era portadora, en Europa el saber quedó reservado a grupos cerrados, templarios, hermetistas, místicos, alquimistas, druidas dispersos o escuelas muy discretas de transmisión esotérica.
La cadena no se rompió del todo, pero sí quedó oculta, clandestina y sin práctica comunitaria.
4. Occidente construyó un “saber oficial” sin base en el Saber Uno
La ciencia moderna —nacida después de este desarraigo— se edificó sobre:
la razón sin territorio,
la teoría sin práctica espiritual,
la abstracción desvinculada del cuerpo,
la medición sin relación,
la observación sin reciprocidad.
Es un conocimiento brillante (por las luces mas que por el contenido), sí, pero construido desde la ruptura.
Por eso la filosofía europea se pregunta por el Ser, mientras la filosofía andina vive en relación. Por eso Europa teoriza, y Abya Yala practica. Por eso Europa explica, y Abya Yala escucha.
Ni Europa, ni Abya Yala comparan bien —no pueden hacerlo— porque comparan una construcción intelectual fragmentada con una sabiduría integral con miles de años más de práctica.
5. La comparación es injusta porque compara dos objetos de naturaleza distinta
La racionalidad andina no es “otra filosofía”.
Es un sistema completo de vida, territorio, energía, ética, cuerpo, tiempo y comunidad.
La racionalidad occidental moderna es, en cambio:
una estructura especulativa,
hija del dualismo,
sin raíces comunitarias,
sin práctica ceremonial,
sin continuidad territorial,
y sin memoria energética.
Compararlas es como comparar un árbol vivo con un manual de botánica.
El primero respira, crece, nutre y sostiene. El segundo explica, clasifica y describe.
Ambos valen, pero no ocupan el mismo lugar.
6. El punto que debe quedar claro
Cuando se hace la comparación entre racionalidad andina y racionalidad occidental, conviene recordar que Europa no perdió el saber por inferioridad, sino por una cadena histórica de destrucciones internas que la dejaron sin práctica.
Mientras tanto, en Abya Yala:
los pueblos lo conservaron,
lo vivieron,
lo practicaron,
lo cantaron,
lo sembraron,
lo ritualizaron,
lo sostuvieron colectivamente.
Por eso hoy, noviembre de 2025, la racionalidad andina se ve más completa, no porque sea “mejor”, sino porque permanece viva.
Y la occidental se ve fragmentada y vacía , no porque sea “peor”, sino porque está desconectada de su origen en su expresión académica,
En Europa para recibir la información original tienes que ser invitado, reconocido y valorado como posible guardián del saber por algún sujeto “dentro del circulo” que te introduzca en “el circuito”, o directamente te acompañe a algún centro de poder donde a través de una experiencia mística se te entregue “una semilla” que crecerá en entendimiento mas que en conocimiento, los centros de poder en Europa son escasos, no son muy conocidos o lo son por otros motivos ya que están enterrados por milenios de ruinas, templos católicos o ciudades, literalmente hay que cavar piedra para encontrarlos, solo los que están en medio de la naturaleza y son de pura piedra han subsistido en estructura física, en Abya Yala ,cada lugar arqueológico, cada Apu, cada lago, cada árbol centenario, cada comunidad viva, cada especie botánica y cada especie animal que ha sobrevivido a este periodo de destrucción, son portales directos al conocimiento Uno
7. Si partimos de la unidad original del saber, la pregunta ya no es cuál es “más avanzada”
La pregunta real es:
¿Qué culturas conservaron la continuidad del Saber Uno, y cuáles se fracturaron?
En esa respuesta, Abya Yala no ocupa un lugar periférico, sino central.
Porque aquí —en estas montañas, selvas, altiplanos, islas y costas—se mantuvo viva una memoria que en Europa fue perseguida, silenciada, quemada, ocultada o escondida por milenios de persecución. Milenios!!!
Por eso el diálogo no debe ser de comparación, ni de victimismo, sino de reconocimiento mutuo, desde una compasión horizontal, desde Abya Yala ni siquiera se puede pretender que el conocimiento Europeo contenga la riqueza experimental y presencial que contiene el Andino por ejemplo.
Todos estamos recordando, pero en occidente para re-unir, re-cordar, los saberes hay que viajar en el tiempo y el espacio salvando distancias enormes, cavando hoyos profundos y traspasando barreras informativas muy densas, en cambio en Abya Yala todo sigue vivo al alcance de la mano, la puerta de acceso esta abierta y el espacio sagrado tiene sus raíces vivas.


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